dimecres, 7 de juliol de 2010

Carta de un perro a su amo insensible

Hola amigo:
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¿Cómo estás? Deseo de todo corazón que te encuentres bien.
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Si recibes este mensaje, espero me perdones si rompe tu paz de espíritu o si
te incomodan los recuerdos que mis palabras puedan traer. Por la amistad que
un día tuvimos, no podía desaprovechar la oportunidad que me han dado para
poder despedirme de ti.
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Han pasado muchas lunas desde que te vi por última vez. Inclusive, han
ocurrido muchas cosas. Durante todo este tiempo, he podido repasar vivencias
que pasamos juntos. Aún recuerdo la primera vez que nos vimos. Tú eras un
macho humano, joven, alegre, lleno de vitalidad, y yo un cachorro de unas
pocas lunas. Recuerdo cómo me pusiste entre tus brazos y mientras yo te
lamía la cara lleno de alegría y emoción, me acariciabas la cabeza.
Al principio me costó captar tu lenguaje y tú también tuviste problemas para
comprender el mío, pero superamos el impasse y nos fuimos entendiendo. A
pesar de los primeros destrozos, nunca te enfadaste y siempre me ofrecías un
mimo conmovedor.
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Pacientemente aprendí a sentarme y a tumbarme cada vez que me lo pedías, o
mientras esperaba en la calle si entrabas en algún sitio a buscar cosas.
Corrimos muchas veces juntos por el campo. Dormía contigo y yo era el que
trataba de animarte cuando estabas triste o cansado.
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Con el tiempo vinieron a casa algunas hembras de tu especie. A unas les
gustaba y me sacabais de paseo. A otras no les caía tan bien y durante
algunas lunas parecías olvidarte de mí. Eso no me importaba porque te veía
feliz y eso me hacía feliz.
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Un día llegó una hembra que no se marchó nunca más. Yo te había confiado mi
vida; todo mi futuro dependía de ti y de tu nueva compañera. A ella no le
agradaban mucho los de mi especie, pero aún así intenté gustarle y
obedecerle en todo momento, al igual que contigo.
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Poco a poco me fuiste apartando. Pasabas menos tiempo en casa y más en ese
sitio que llamabas trabajo. Tu compañera tampoco tenía mucho tiempo para
dedicarme porque siempre estaba ocupada. Tan sólo alguna salida rápida para
hacer mis necesidades y una carrerita yo solo. No mostraban ganas de jugar
conmigo. Así pasaron muchas salidas y puestas de sol. Cuando te veía triste
ó abatido me acercaba a ti intentando consolarte, mas tú me apartabas con un
pequeño empujón y me decías: *“Ahora no chico. Estoy cansado”.* Yo me
separaba obediente y me iba a mi rincón pensando qué podía hacer para que
estuvieras contento. Me dolía el alma verte tan abatido.
. Después llegó tu primer cachorro. Un nuevo miembro en la familia, al que
me propuse proteger y cuidar como si fuera mi cachorro. Desde el primer día
quise estar pendiente de él a fin de que no le pasara nada, pero tu
compañera no veía con buenos ojos que estuviera tan cerca. Tenía miedo que
le hiciera daño. Cómo se notaba que no me conocía, ni intentaba conocerme.
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Yo, que habría dado mi vida por defender la de tu pequeño cachorro, la de tu
compañera, y por supuesto, la tuya, fui arrinconado en un cuarto donde
pasaba la mayor parte del día, solo, sin poder disfrutar de vuestra compañía
que era lo único que deseaba. Tú, que eras mi guía y mi Dios, no hacías nada
para que la situación cambiara. Me ignorabas. Ya no era tu mejor amigo.
Ahora parecía un estorbo para ti. Desde mi cuarto, a veces, podía oír las
acaloradas discusiones con tu compañera, por mi culpa. Oía palabras que no
comprendía qué significaban: *“¿Hacer con él qué…? No podemos… No puedo,
está conmigo desde que era pequeñito....”
*.
Un día, cuando el sol estaba más horas en el cielo, pusiste un montón de
cosas en tu maquina de viajar, hiciste subir a tu compañera y a tu cachorro
que ya sabia andar y hablar. A mí me montaste en la parte de atrás, en medio
de los bártulos. Sospeché que nos íbamos de viaje. ¡Qué bien! ¡Otra vez
volvíais a contar conmigo! ¡Por fin toda la familia saliendo a pasear
juntos!
. Después de unas horas de viaje, paraste en un sitio para dar de beber a tu
maquina de viajar. Tu compañera y el cachorro entraron en el edificio lleno
de gente. Tú me abriste la puerta trasera para que pudiera salir a correr un
poquito y estirar mis patas, tal cual habíamos hecho siempre que salíamos en
un viaje largo. Me llevaste a la parte de atrás del edificio, cerca de un
pequeño campo. Me sacaste la correa y me animaste a que echara unas carreras
y hacer pis. ¡Era estupendo! ¡Volvías a preocuparte por mí!
Al rato, luego de desfogarme un poco, levanté la cabeza buscándote en el
lugar donde habías quedado, pero no estabas. Salí corriendo rumbo al punto
donde bebía tu maquina. Era extraño. Tú siempre me llamabas cuando querías
partir y yo acudía veloz a tu llamada. Sin embargo, esta vez no me habías
llamado. Seguramente porque confiabas en mí y sabías que al no verte, iría a
tu encuentro.
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Corrí pensando en tu extraña actitud, y, al dar la vuelta en la esquina del
edificio pude observar cómo se alejaba tu maquina de viajar. Empecé a
llamarte con mis ladridos al mismo tiempo que apuraba mi carrera. “¡Eh,
amigo, te olvidas de mí!”. Gritaba y gritaba mientras seguía corriendo con
más fuerza. A través del cristal trasero de la maquina pude ver que tu
cachorro me hacia señales con la mano, a la vez que de sus ojos salía ese
líquido que llamabais lágrimas. No entendía nada. ¿Por qué estaba llorando
tu cachorro? ¿Por qué te habías olvidado de llamarme? ¿Por qué? ¿Por qué?
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Continué llamándote y corriendo esperanzado en que notaras mi ausencia. A mi
lado pasaban veloces muchas maquinas de viajar, y tuve miedo que me hicieran
daño. Entonces pensé que lo mejor sería regresar al sitio donde habíamos
parado, y esperar allí a que volvieras a recogerme. Me situé un poco
apartado, debajo de un árbol para protegerme del sol. Desde allí veía
perfectamente las maquinas que paraban.
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Llegó la noche y tú no aparecías. Yo estaba nervioso porque allí no conocía
a nadie.
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Atrás de esa noche vinieron varios días y varias noches más. No podía
explicarme tu tardanza en volver. ¿Y si no sabias regresar a buscarme por
que te faltaba ese papel llamado mapa?
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En tanto, insistía en la espera. Las personas que atendían a los que allí
paraban, me dieron agua y me ofrecieron comida. Yo me alejaba de ellos. Yo
aguantaba el hambre, y no quería que me cogieran para apartarme de aquel
lugar. ¿Y si regresabas y yo no estaba allí? ¿Qué ibas a pensar de mí?
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Debía esperar el tiempo que hiciese falta. Todas las noches a gritos le
pedía al Gran Espíritu del Norte que guiara tus pasos trayéndote de regreso.
Pasaron otras noches más. Y un amanecer, cuando aún estaba medio dormido,
unos señores con un lazo me sorprendieron y me apresaron. Fui introducido en
una maquina y llevado a un sitio desconocido. Al entrar pude ver un cartel
que ponía algo así como Perrera Municipal.
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Aquel lugar estaba abarrotado de otros como yo. Me condujeron a una
habitación donde esperaban un macho y una hembra de tu especie, vestidos con
batas verdes. Me miraron, escucharon mi respiración y mi corazón con un
aparato y también me tocaron por todas partes. *“Está un poco asustado y muy
flaco”,* dijo la hembra. *“No es de extrañar. Lleva casi dos semanas sin
comer, abandonado a su suerte en la gasolinera -respondió el macho y
añadió-. Parece un animal fuerte, en pocos días estará recuperado”*.
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¿Abandonado? ¿Qué significaba aquella palabra? Nunca la había oído. A los
pocos días, la perrita compañera de habitación, me lo explicó. A todos los
que estaban allí les había pasado lo mismo. Sus amos los habían abandonado.
*“¿Pero eso no puede ser? -*repetía yo una y otra vez*-. El humano con el
que vivía era mi amigo y nunca me haría eso. Es que anda un poco cansado por
el trabajo y se olvidó de mí. Seguro que está tratando de encontrarme para
llevarme con él” -*les repetía un día tras otro, tratando de convencerme a
mí mismo que esa era la verdad. No quería creer otra cosa.
. Persistía en mi afán de no comer. La pena por estar encerrado en aquel
lugar extraño me hacía perder el apetito. Mis colegas de encierro decían que
debía reponerme, si no comía no tendría buen aspecto y nadie querría
adoptarme. *“¡Es que yo no quiero que nadie me adopte. Yo tengo una familia
y no quiero otra!” *-les respondía.
Transcurrieron los días con sus noches. Alguna vez venía una familia y se
llevaba a uno de mis compañeros. Yo seguía esperando, ilusionado en que
aparecieras a buscarme.
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Un día que estábamos en el patio, se me acercó un perrazo que llevaba varias
jornadas provocándome. Era un macho más joven y fuerte que yo, y le gustaba
presumir de su fuerza delante de las hembras. Siempre se metía conmigo
diciéndome que tú nunca vendrías, que eras igual que todos los otros humanos
que habían abandonado a sus amigos porque les estorbaban. No podía consentir
que aquel individuo ignorante y provocador pusiera en duda tu buen corazón.
Después de un rato, en el que estuvo machacándome con su voz histérica, no
pude aguantar más y me abalancé sobre él. Ciertamente no estaba en mi mejor
forma física, pero quise defender tu honor con mis pobres fuerzas. Pero
aquel perro joven era más fuerte y me dio una paliza. A continuación todo
pasó muy deprisa.
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Salieron la pareja de humanos que nos cuidaban, y tras cogerme de una pata
me tumbaron encima de la mesa de metal frió. Estaba sin fuerzas. Tenía
mordiscos por todo el cuerpo y las heridas sangraban, aunque no sentía
dolor. El cansancio me dominaba.
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Seguía esperándote pero mis horas se acababan.
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La pareja humana parecía nerviosa. No paraban hablar, abriendo y cerrando
cajones, removiendo y agarrando todo tipo de cosas.
Se acercaron a la mesa donde me hallaba tumbado y comenzaron a limpiarme las
heridas. Sus caras poseían una expresión extraña. No paraban de discutir. *“No
podemos hacer nada por él”* -dijo el macho. *“Si qué podemos, y es nuestro
deber intentarlo”* -respondió la hembra. *“No vale la pena. No creo que
pueda recuperarse de estas heridas. Y aunque lo haga, se acabará muriendo de
tristeza. Desde que llegó, prácticamente no ha comido. Se pasa el día
tumbado cerca de la entrada, como si estuviera esperando a alguien. Pero tú
y yo sabemos que nadie vendrá por él. Estamos desbordados y no podemos
atenderlo como se merece, así que no vale la pena seguir haciéndolo sufrir.
Lo mejor es "dormirlo"*. La hembra, tras mirarme con cara de tristeza,
asintió moviendo la cabeza.
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Al cabo de un momento, la mujer se acercó y empezó a hablarme con gran
ternura, mientras me inyectaba un liquido frió en una de mis patas.
*“Tranquilo,
no te dolerá”* me decía en voz baja. Al poco rato empecé a sentir cómo me
invadía un gran sueño. Ella permanecía a mi lado, con su cabeza pegada a la
mía. *“Lo siento, chico”,* fue lo último que me dijo, al tiempo que unas
enormes gotas de agua le salían de sus lindos ojos. *“Lo siento”,* había
dicho. Hacia tiempo que no escuchaba aquella frase. Alguna vez, tú también
la dijiste. No sé muy bien porqué me dijo eso aquella señora, pero, dado que
sonaba bien, hice un esfuerzo y moví ligeramente la cola en señal de
agradecimiento.
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El corazón me empezó a latir con menos fuerza, mis ojos se cerraban y la
boca se secó. Sospechaba que la cara mojada de aquella mujer, que tan
amablemente me trataba, era lo último que vería, así qué, con el último
aliento que me restaba le pasé la lengua por el rostro tratando de secarle
las lágrimas. Era mi forma de darle las gracias. Ya que no pude despedirme
de ti, al menos lo haría de ella, aunque hubiera preferido que fueras tú el
que me acompañara en aquel trascendental momento. Cerré los ojos y sentí que
una profunda sensación de bienestar me invadía todo el cuerpo.
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Hace dos días llegué a este lugar. Ayer, el Consejo de los Espíritus de las
Razas, y el Gran Espíritu del Norte, me felicitaron por haber sido un modelo
para los otros miembros de mi especie. Había cumplido a la perfección
durante mi vida junto a los humanos.
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Por ello, me concedieron la posibilidad de pedir un último deseo. Podía
elegir casi cualquier cosa. Una compañera, la mejor de las comidas, una
morada en las montañas o en la playa..... Yo les pedí que me dejaran
regresar a tu lado. Me dijeron que eso ya no era posible. Entonces solicité
que hicieran todo lo posible para que recibieras este mensaje. Con el quiero
despedirme. Si lo recibes, espero que reflexiones sobre su contenido. Sobre
el valor de la amistad, la lealtad, y el amor hacia los que dependen de ti.
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Ojalá que la luz vuelva a entrar en tu corazón, te despierte la conciencia y
puedas rectificar los errores, para evitar que otros hagan lo mismo.
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Lo que hiciste conmigo no es el mejor ejemplo para educar a tu cachorro. Tal
vez un día, cuando seas viejecito, también te conviertas en un estorbo, y
entonces él decida dejarte abandonado en una gasolinera. Sin embargo, sabes
que nosotros nunca lo haríamos.
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No obstante, quiero que sepas, que a pesar de todo no te odio. Ese
sentimiento no cabe en la naturaleza de ningún perro. Creo que sólo
vosotros, los humanos, pueden sentirlo.
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Te echaré mucho de menos. Anhelo que también tú te acuerdes algo de mí.
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Hasta siempre querido amigo. Te quiero. Siempre vivirás en mi corazón.
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Tu fiel y leal amigo,
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.
*Vídeo que obtuvo el primer premio del Certamen Antiabandono:*
*http://www.youtube.com/watch?v=qDJ8pouRS9A*<http://www.youtube.com/watch?v=qDJ8pouRS9A>
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*Autor del cuento: anónimo*

ELL MAI HO FARIA.

13 comentaris:

elisa ha dit...

Ay Montse...qué dura esta época y darse cuenta de que puede haber tanto desalmado que pueda abandonar a su suerte a un animal.
Esperemos que no se siga repitiendo con mucha frecuencia lo de cada verano. Espero que haya conciencia.
Muchos besos.

Lourdes ha dit...

Ufff, he acabat de llegir la carta i he tingut d'anar fent paradetes perque no puc parar de plorar, quants desalmats hi han en aquest mon.
Jo que cada vegada que una de les més gossetes s'ha mort he passat una gran tristesa, i que hagi gent que no les importa res els animals, se m'he trecar el cor.
Molts petonets de colors i que tota la gent sigui concient que ells mai no ens abandonarien.

Itta ha dit...

Nuestro mundo no se da cuenta de la importancia de las pequeñas cosas, y que cohabitamos con animales,que NO son menos que los humanos, aunque algunos lo crean así...el ego humano es lo peor en nuestra especie. Que triste vivir en este mundo... Pero por suerte hay gente con valores y sentimientos. Gente que se dedica en cuerpo y alma a cuidar de los despojos de los desalmados...a darles otra oportunidad. Ojalá este escrito hiciera recapacitar al que este verano piensa que su "mascota" molesta...un ptonàsss.

KIPURUKI ha dit...

El genero humano deja mucho que desear!
La grandeza de un país se mide por como trata a sus animales.
Te he dejado un sortilegio de protección angelical en mi blog!! n_n

la señorita ha dit...

Es una realidad que se repite con demaseada frecuencia, y no solo con los animales, hay quien lo hace con las personas.
un beso

El Taller de Violeta ha dit...

Bueno no puedo leer todo al pié de la letra...se me hace un nudo en la garganta...soy muy sensible hacia estos relatos que son el pan nuestro de cada día....
es tremendo todo....pero tengo mi teoria CUALQUIER COSA QUE HAGAS EN POSITIVO O EN NEGATIVO LA VIDA TE LO DEVUELVE.....
Muchos besos !!!

Gasteizshopper ha dit...

LA verdad es que estremece ¡¡pobres!!

Un besote

Taller de diseño rural ha dit...

La verdad es que conmueve,ojala lo leyese toda esa gente que piensa que sus perros son parte de sus bienes materiales.Besos.

yo missmita ha dit...

no he pogut acabar de llegir, és molt dur...
un petonàs guapa!!

Natalia ha dit...

Qué pena!! seremos capaces algún día de parecernos un poquito a ellos?? serío maravilloso ¿verdad??
Un beso preciosa, que ya no volví, pero ahora me voy a recrear!!!

Daiana ha dit...

Hola guapa es muy dura la relaidad , gente como esa deberia de sufrir en carne propia el daño que hace.
muchas gracias por apuntarte en el sorteo y traerlo a tu casita te deseo mucha suerte!!! te mando muchos besossssssss

鄭湘定 ha dit...
Un administrador del bloc ha eliminat aquest comentari.
Susina's Dream ha dit...

qué historia más triste...menudos lagrimones he soltado mientras la leía...tuve que levantarme y coger a gaspi en brazos y achucharlo...no sé como puede alguien que tenga un trocito de corazón abandonar a su compañero...a su fiel amigo...me es totalmente incomprensible..
un besito Montse